La vida de Maricela Flórez, lideresa de Farc, dio un giro inesperado. A sus 40 años de edad no se imaginaba que ayudaría a transformar la vida de otras mujeres excombatientes como ella.

En 1994 terminaba cuarto de primaria cuando tomó la decisión de ingresar a la entonces guerrilla de las FARC-EP. “Cuando entré a la guerrilla tenía claro que quería luchar contra la injusticia, la que sufrimos los campesinos y los más vulnerables del país; hoy estoy viviendo ese propósito gracias a la reincorporación”, cuenta Maricela hoy al lado de sus hijos y de sus padres.

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Actualmente, Maricela participa de manera activa en la implementación de proyectos productivos del nuevo punto de reagrupamiento ubicado en Santa Cecilia, en límites entre el Chocó y Risaralda. Una tierra que, según ella, tiene un gran potencial para cultivar cacao y otros frutales. Por ahora, el grupo de excombatientes del que ella hace parte está cultivando peces en los estanques de una finca arrendada. “Este es un proyecto muy bonito que nos ha permitido acercarnos a la comunidad, nos ha permitido reconciliarnos porque nos necesitamos solidariamente. Gracias a la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD, al SENA, a la Agencia para la Reintegración y Normalización – ARN y la Oficina para el Alto Comisionado para la Paz – OACP, estamos fortaleciendo y formalizando nuestra cooperativa de emprendimiento”, dice Maricela.

Para el grupo de excombatientes liderados por ella el apoyo de la comunidad de Pueblo Rico ha sido fundamental para que la reincorporación avance.

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A Maricela la reconocen como una lideresa gracias al trabajo de formación que realiza con mujeres excombatientes. Le gusta hablar y aprender cosas nuevas; piensa que con el conocimiento las mujeres pueden empoderarse de sus derechos y luchar por ellos. Por esto se dedica a brindar talleres a mujeres excombatientes en derechos humanos, prevención de la violencia basada en género y participación política. Su objetivo es motivar a quienes la rodean, en especial a mujeres excombatientes de FARC, para sacar adelante el proceso de reincorporación a la vida social y económica.

También la mueve la reconciliación; su historia como muchas otras, está marcada por la transformación, esa que, según ella, pudo verse solamente con el silencio de las armas. Hoy en día, su arma es la palabra. A Maricela la invitan continuamente a eventos y encuentros. El último que recuerda fue sobre reconciliación entre mujeres.

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“Nos abrazamos muy fuerte y lloramos por la reconciliación, es algo que nos llenó de esperanza, de valentía, porque la reconciliación es el motor que necesitamos para seguir adelante con nuestros proyectos y así aportar a las comunidades que hoy nos reciben y nos dan la mano”, cuenta Maricela.

Para lograrlo, también se relaciona frecuentemente con líderes de las comunidades vecinas de Pueblo Rico, comunidades Afro e indígenas, concejales y consejeros políticos, instituciones estatales, organizaciones no gubernamentales, universidades y empresas de Risaralda. Su objetivo es dar a conocer los proyectos productivos que adelantan en la zona, buscar aliados; afortunadamente para este grupo de desmovilizados, los aliados ya suman decenas, y con el tiempo, podrían llegar a ser muchísimos más.

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La Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia verifica de manera activa la reincorporación de Maricela y miles de excombatientes, además de gestionar el apoyo con la comunidad internacional y el gobierno para fortalecer dichos procesos en varias regiones del país.

Por: Melissa Jaimes Ochoa, Oficial de Información Pública, Oficina Regional de Quibdó.
Misión de Verificación de la ONU en Colombia.