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Declaración de la Enviada Especial de ACNUR, Angelina Jolie, mientras los refugiados y migrantes venezolanos superan los 4 millones

  • Posted by: CinuCOL2018

En 2002, 2010 y 2012 estuve en Ecuador, visitando a algunos de los muchos colombianos que habían huido del conflicto.

Les dije a las familias con las que me encontré que esperaba visitar Colombia, cuando la paz hiciera posible que los refugiados retornaran.

Hoy, me he encontrado con refugiados colombianos retornados, pero no por las razones que esperaba.

Más de 400.000 colombianos, que habían sido desplazados a Venezuela, ahora se han visto obligados a retornar debido a la situación catastrófica en ese país.

Se encuentran en la misma situación que los 1,3 millones de refugiados venezolanos que han buscado protección en Colombia.

Además, 3,3 millones de venezolanos y venezolanas cruzan la frontera por cortos períodos de tiempo para buscar suministros y asistencia básica.

El impacto en los servicios públicos aquí en Colombia es abrumador.

Algunos hospitales en la frontera están proporcionando atención médica de emergencia al mismo número de venezolanos, como de colombianos.

En muchas escuelas el número de estudiantes en las aulas se ha duplicado.

“Es una situación de vida o muerte para millones de venezolanos”

Pero Colombia sigue manteniendo su frontera abierta y está haciendo todo lo que puede para absorber a este inusitado número de personas desesperadas.

Los colombianos conocen el desplazamiento en su propia piel.

Este país ha vivido cincuenta años de guerra.

Su acuerdo de paz tiene menos de tres años, y es frágil.

Es extraordinario que un país que por sí mismo enfrenta tantos y tan grandes desafíos haya mostrado tanta humanidad y esté haciendo estos esfuerzos para salvar vidas. Quiero reconocer esta valentía, fortaleza y resiliencia del pueblo colombiano.

La situación aquí en Colombia, en Perú y en Ecuador, le da una lección de humildad, con respecto al debate y el discurso en materia de refugiados, a muchos países que viven en paz, incluyendo el mío.

A pesar de lo que la retórica política con frecuencia sugiere, menos del 1% de todas las personas refugiadas son reasentadas en países occidentales.

La gran mayoría de las personas desarraigadas en el mundo están desplazadas dentro de sus propias fronteras, o han cruzado a los países limítrofes, como en el caso de Colombia.

Si miramos alrededor del mundo, con frecuencia parece que aquellos que menos tienen son los que más dan.

El llamamiento humanitario lanzado por ACNUR y sus socios en diciembre del año pasado ha recibido menos de la cuarta parte de los fondos necesarios – el 21% de los fondos, para ser exactos.

Entretanto, el número de los refugiados y migrantes venezolanos ha superado los 4 millones de personas.

“Con frecuencia, aquellos que menos tienen son los que más dan”

Esta es una situación de vida o muerte para millones de venezolanos. Pero ACNUR ha recibido solo una fracción de los fondos que necesita para hacer apenas lo mínimo para ayudarles a sobrevivir.

Los países que los reciben, como Colombia, están tratando de gestionar una situación inmanejable, con recursos insuficientes. Pero ni ellos, ni los actores humanitarios, como ACNUR, han obtenido los fondos que necesitan para seguirle el paso a este flujo y, aun así, están haciendo todo lo que pueden.

Este no es solamente el caso de la crisis de Venezuela. Este escenario de números que aumentan y fondos que disminuyen se replica a nivel internacional.

El 20 de junio celebramos el Día Mundial del Refugiado. ACNUR prevé otro significativo aumento en el número total de personas desplazadas en el mundo, y una disminución en el número de personas que podrán retornar a sus casas – así como lo desea la gran mayoría de las personas refugiadas con las que me he encontrado hasta ahora.

En lugar de enfocarse en cómo abordar la falta de diplomacia, seguridad y paz que está causando que tantas personas se desplacen, escuchamos hablar cada vez más de lo que algunos gobiernos ya no están dispuestos a hacer: ya sea recibir a refugiados o solicitantes de asilo, o contribuir a financiar los llamamientos y las operaciones de la ONU.

Mientras las cifras de refugiados en el mundo aumentan tan rápidamente, sería ingenuo, en el mejor de los casos, o hipócrita, en el peor, presentar estas políticas como si fueran algún tipo de solución.

Cuando la casa de tu vecino se incendia, no estás a salvo con solo cerrar tu puerta.

“No olvidaré lo que he visto aquí, no olvidaré al pueblo venezolano”

El liderazgo implica asumir la responsabilidad, como las generaciones que nos precedieron asumieron su propia responsabilidad respondiendo a las amenazas a la paz y la seguridad y construyeron un orden mundial basado en el derecho. Ahora necesitamos de nuevo ese tipo de liderazgo, con urgencia.

Asimismo, no es posible ponerle un precio al apoyo que Colombia, Perú y Ecuador le están dando a las personas de Venezuela, porque de eso se trata ser humanos.

La respuesta humana es no cerrar los ojos. Es reconocer a tus hermanos y hermanas y su sufrimiento. Es trabajar para alcanzar soluciones, sin importar que tan difícil sea.

Y sobre todo, la respuesta humana es no culpar a las víctimas de la guerra o la violencia por las circunstancias en las que se encuentran, o por pedir ayuda para sus niños indefensos.

Hoy necesitamos esa humanidad más que nunca, así como la racionalidad de aquellas personas que no temen asumir responsabilidades y mostrar liderazgo.

Este será mi mensaje cuando me vaya de Colombia y en los meses siguientes, mientras intentaré darle seguimiento a lo que he observado en estos dos días. No olvidaré lo que he visto aquí, no olvidaré a las personas venezolanas con las que me he encontrado aquí. Mi corazón está con ellos, y espero volver pronto.

Muchas gracias.

Statement by UNHCR Special Envoy Angelina Jolie as Venezuelan refugees and migrants top 4 million

 

In 2002, 2010 and 2012 I was in Ecuador visiting some of the many Colombians who had fled the conflict.

I said to the families that I met that I looked forward to visiting Colombia itself, when peace made it possible for refugees to return.

Today, I have met returning Colombian refugees, but not for the reasons I had hoped.

Over 400,000 Colombians, who had been displaced to Venezuela, have now been forced to return by the catastrophic situation there.

They are alongside 1.3 million Venezuelan refugees who have sought protection in Colombia.

In addition, 3.3 million Venezuelan nationals are crossing the border for short periods of time, to find supplies and basic assistance.

The impact on public services here in Colombia is staggering.

Some border hospitals are now providing emergency health care to as many Venezuelans as Colombians.

Many schools have doubled the number of students in their classrooms.

“This is a life and death situation for millions of Venezuelans.”

But Colombia still has kept its border open, and is doing everything it can to absorb these unprecedented numbers of desperate people.

Colombians know displacement all too well.

This country has experienced fifty years of war.

Its peace agreement is less than three years old, and fragile.

It is extraordinary that a country facing so many huge challenges of its own, has shown such humanity and is making these live-saving efforts. I want to acknowledge the bravery, strength and resilience of the Colombian people.

The situation here in Colombia, and in Peru and Ecuador, puts the debate and rhetoric on refugee issues in many peaceful countries, including my own, into humbling context.

Despite what that political rhetoric often implies, less than 1% of all refugees are resettled in western nations.

The vast majority of the world’s uprooted people are displaced within their own borders, or have crossed into neighbouring countries like Colombia.

Looking across the world, it seems that often those who have the least give the most.

The humanitarian appeal issued by UNHCR and its partners in December last year is less than a quarter funded – 21% funded to be exact.

In the meantime, the number of Venezuelan refugees and migrants has risen to over 4 million.

“Often those who have the least give the most.”

This is a life and death situation for millions of Venezuelans. But UNHCR has received only a fraction of the funds it needs, to do even the bare minimum to help them survive.

The countries receiving them, like Colombia, are trying to manage an unmanageable situation with insufficient resources. But neither they nor humanitarian actors like UNHCR are getting the funds they need in order to keep the pace with the influx, and yet they still do everything they can.

This is not only true of the Venezuela crisis. This picture of soaring numbers and declining funds is replicated internationally.

On 20th June we mark World Refugee Day. UNHCR expects another significant rise in the overall numbers of displaced people worldwide, and a fall in the number of people being able to return home – as the vast majority of refugees I have met long to do.

Instead of focusing on how to address the gap in diplomacy and security and peace that is causing this number of people to move, we hear increasing talk of what individual governments are no longer prepared to do: whether that is to receive refugees or asylum seekers, or to contribute funding to UN operations and appeals.

With the numbers of refugees worldwide rising so fast, it is naïve at best and duplicitous at worst to present these policies as if they were some kind of solution.

When your neighbor’s house is on fire, you are not safe if you simply lock your door.

“I will not forget what I have seen here, I will not forget the Venezuelan people.”

Leadership is about taking responsibility, as generations before us took up their responsibility to address threats to peace and security and build a rules-based world order. We need that kind of leadership again now, urgently.

In the meantime, it is not possible to put a value on the support that Colombia and Peru and Ecuador are giving to the people of Venezuela, because it is the core of what it is to be human.

The human response is to not turn a blind eye. It is to acknowledge your fellow men and women and their suffering. It is to work towards solutions, no matter how hard.

And above all, the human response is not to blame a victim of war or violence for their circumstances, or for their requests for help for their defenseless children.

Today we need that humanity more than ever, and rational thinking from people who are unafraid to take responsibility and show leadership.

That will be my message as I leave Colombia and in the months to come, as I try to follow up on what I have observed in the last two days. I will not forget what I have seen here, I will not forget the Venezuelan people I have met here. My heart is with them, and I hope to return again soon.

Thank you very much.

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