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Semillas de Paz renovadas para el bienestar de las niñas y los niños venezolanos y colombianos

  • Posted by: ONU Colombia

Gracias al convenio entre el Gobierno de Japón y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Centro de Desarrollo Infantil Semillas de Paz en Arauca adecuó sus instalaciones: sus baños fueron remodelados, se pintó su  infraestructura,se limpiaron sus canaletas para prevenir inundaciones, entre otras adecuaciones. Florimar, la madre de una de sus beneficiarias, fue testigo de ello.

Florimar Anzola llegó sola a Colombia. Viajó, como muchos de sus compatriotas nacionales venezolanos, buscando mejorar las condiciones de vida para ella y su hija, a quien dejó al cuidado de una hermana en Venezuela, mientras lograba estabilidad.

Desde su llegada a Colombia, pasaron casi cuatro años en los que trabajó, se reunió con su hija en Arauca, encontró un nuevo amor y tuvo otra bebé. A sus 23 años, Florimar está empeñada en completar su bachillerato y seguir una vida profesional en el área de administración o contabilidad.

 

Florimar y Ana Lucía en el nuevo CDI Semillas en Arauca, Arauca.

 

Durante la pandemia ha estado dedicada a su estudio de forma virtual, así como a  las actividades de la escuela de su hija mayor, de 7 años, y a las de Ana Lucía, su hija pequeña de 2 años, que asistía al Centro de Desarrollo Infantil (CDI) de Arauca, desde comienzos de este 2020. En el CDI Semillas de Paz atendían a Ana Lucía desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde, lo que le dejaba a Florimar tiempo para trabajar. Durante esas horas, Ana Lucía compartía con otros 120 niños y niñas al cuidado de 16 personas, entre los que están seis docentes, una psicóloga, una nutricionista y una auxiliar de enfermería.

En solo dos meses, antes de que llegara el COVID-19 a Colombia, la niña “engordó, se puso más bonita y se hizo más activa y sociable”, dice la madre, agradecida por el buen trato y la alimentación recibida en el CDI. “A los niños se les ofrecían cuatro comidas al día”, señala Yolima Bustos, coordinadora del CDI, que funciona hace 17 años en Playitas, una zona cercana al río, ampliamente urbanizada por población vulnerable en la ciudad de Arauca, frontera con Venezuela.

 

 

Con la cuarentena y la suspensión de actividades presenciales, a las familias se les han entregado kits alimenticios para niños y niñas, y los padres de familia tuvieron que asumir las labores de los maestros, a través de las guías de trabajo que envían desde el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y el acompañamiento telefónico de las maestras.

Así que el Centro, operado por la Asociación de Mujeres e Infancia (Asomin), ha estado sin menores durante casi todo el año. La ocasión fue propicia para la renovación de los espacios y la adecuación de las baterías sanitarias que estaban “muy deterioradas”, según palabras de Florimar y de la coordinadora del CDI.

La Transformación del CDI Semillas de Paz

Un convenio entre la OIM y el Gobierno de Japón permitió la implementación de recursos para las mejoras en la infraestructura, garantizando así una mejor atención a los niños y niñas menores de cinco años que pertenecen al Centro. En total se remodelaron los ocho baños del CDI – cuatro para niños y cuatro para niñas- y las dos duchas; se limpiaron las canaletas para evitar las inundaciones; se arreglaron las puertas y se pintó todo el centro. Las obras se realizaron en tres meses, siguiendo todas las reglamentaciones de bioseguridad, durante los meses de agosto, septiembre y octubre de 2020.

 

 

“Quedaron bellísimos, muy coloridos. Espectaculares. Cuando los niños vuelvan estarán felices y nosotros, los papás, agradecidos porque el bienestar es para ellos”, señala Florimar, quien fue invitada a la entrega oficial de las obras el 19 de octubre, como representante de los padres de familia.

“Fue una transformación”, dice Yolima, a quien se le escucha repetir “pintaron… cambiaron… arreglaron… limpiaron…” Satisfecha con las obras, ahora espera con ansias el regreso de los pequeños, entre los que hay 12 nacionales venezolanos. “A ellos les damos la misma atención que a los colombianos, porque nuestra misión es garantizar los derechos de los niños y las niñas, sean de donde sean”, señala la coordinadora del espacio.

 

 

Así lo ha vivido Florimar, quien agradece expresamente la gestión de Yolima y las profesoras del CDI Semillas de Paz por la atención que le prestan a su hija y por la mano amiga que representan para ella y otros nacionales venezolanos, que han llegado a Colombia a superarse y salir adelante.

 

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