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Bosques, territorios de vida con guardianes comunitarios

  • Posted by: ONU Colombia

Cuatro experiencias, cuatro territorios, un mismo modelo: Manejo Forestal Comunitario, una apuesta por la conservación y el desarrollo sostenible.

 

El último reporte sobre el Estado de los Bosques del Mundo realizado por FAO este año, y denominado “Los bosques, la biodiversidad y las personas”, resalta que la inmensa mayoría de la biodiversidad terrestre se encuentra en estos ecosistemas.

Los bosques albergan más de 60.000 especies arbóreas diferentes y proporcionan hábitats para el 80% de las especies de anfibios, el 75% de las especies de aves y el 68% de las especies de mamíferos. Se estima, además, que al menos un tercio de la población mundial depende directa o indirectamente de estos.

Estas cifras invitan a reflexionar sobre la importancia que tiene la conservación de la biodiversidad y cómo esta depende de la forma en que se interactúa con los bosques. Bosques y biodiversidad son entonces una amalgama que conjuga espacio y especies, y que se complementan para generar vida.

Sin embargo, la deforestación y la degradación forestal siguen avanzando a un ritmo alarmante. Se estima que desde 1990, se han perdido unos 420 millones de hectáreas de bosque a causa del cambio de usos de la tierra, pese a que la tasa de deforestación ha disminuido en los últimos tres decenios.

Esta pérdida tiene graves consecuencias ambientales, económicas y sociales, traducidas en el agotamiento de los medios de vida de comunidades y poblaciones que dependen de los recursos forestales, la escasez de agua, la destrucción de hábitats de especies en peligro y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cambiar el curso de la deforestación requiere de medidas urgentes, basadas estas en la apuesta por conservar y gestionar los bosques con un enfoque territorial integrado y con una proyección al futuro inmediato y de largo plazo.

El primer paso para equilibrar las pérdidas debería ser entonces revertir los daños causados, de la mano con una proyección adaptada a las necesidades que cada territorio boscoso tiene. Soluciones basadas en la naturaleza, con una revisión de qué se tiene y qué se requiere en cada caso.

Una de estas opciones es el Manejo Forestal Comunitario (MFC), que persigue un uso planificado y diversificado de los bosques por parte de las poblaciones locales. Un modelo que ha permitido conseguir el equilibrio entre la conservación de los bosques y el uso sostenible de los recursos para mejorar los medios de vida de las comunidades locales que dependen de estos.

El MFC podría hacer parte de las intervenciones que combinen la mitigación de la pobreza y la protección del medio ambiente. Propuesta que toma mayor fuerza en la actual situación que el mundo afronta ante la pandemia por COVID-19 y los efectos críticos que dejará, no solo en la salud, sino además en temas socioeconómicos.

Así, en un momento crítico como en el que se encuentra el planeta, es necesario construir conjuntamente alternativas que permitan avanzar hacia la conservación de esta casa común. Con este objetivo la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco del Programa ONU-REDD, desarrolló el Intercambio de Experiencias de Manejo Forestal Comunitario en Latino América.

Partir de experiencias para contar y revisar las lecciones aprendidas, será siempre la mejor manera de avanzar; por ello, ampliando la mirada geográfica, se buscó la intervención de cuatro comunidades que han aplicado el MFC: Panamá, Ecuador, Perú y Colombia.

Nunca ha sido tan importante comprender el estado de los bosques y la importancia del monitoreo en su seguimiento y gestión. Reconociendo la deforestación como un desafío común, que exige la coordinación de acciones entre sectores para mantener y aumentar la cubierta forestal, y mantener el papel económico a largo plazo de estos ecosistemas. “En esto las comunidades que viven y dependen de los bosques son actores claves, y es parte de lo que queremos en este intercambio”, resaltó Adriana Yepes, Asesora Regional REDD+ y Manejo Forestal Comunitario de FAO, Programa ONU-REDD, en las palabras de apertura del evento.

 

“Queremos conocer los principales avances y retos que se afrontan en la sostenibilidad de estos procesos en cada país; fortalecer los lazos entre actores comunitarios de la región que vienen realizando este tipo de procesos; y resaltar la importancia del MFC en las acciones para reducir la deforestación y degradación de los bosques” comentó José Díaz Díaz, moderador del evento, y quien actualmente se desempeña como Oficial Forestal para Organizaciones Productoras de la División Forestal de la FAO, con sede en Roma.

 

Cuatro experiencias, cuatro territorios, un mismo modelo: Manejo Forestal Comunitario, una apuesta por la conservación y el desarrollo sostenible.

Manejo forestal comunitario en la comarca Embera Wounaan, Panamá

Rafael Valdespino es indígena de la comunidad Embera, y actualmente se desempeña como administrador y técnico comunitario de la Empresa Forestal Bálsamo Marraganti, en la Comarca Embera Wounaan en el este de Panamá.

“Es gratificante ver cómo hemos avanzado. Antes dependíamos de técnicos ajenos a la comunidad para realizar los censos comerciales y elaborar los Planes Operativos Anuales (POA); ahora nosotros mismos nos encargamos de estas tareas” expresa Rafael, como uno de los mayores logros del proceso.

Fortalecer sus capacidades técnicas y ser ellos quienes hoy en día se encargan de estas labores ha sido parte de un proceso de formación y asistencia técnica, en el que el Gobierno y organizaciones como WWF y el Programa ONU-REDD han brindado su apoyo.

“Implementar el MFC ha permitido que nuestra comunidad sea consciente y use de manera sostenible los recursos del bosque; nosotros somos sus guardianes” resalta con orgullo Rafael al hablar del proceso por el que han transitado desde hace 10 años, como empresa forestal comunitaria.

También resaltó que con este trabajo que realizan han obtenido muchos beneficios, entre ellos que pasaron de ser un proyecto comunitario a constituirse como una empresa forestal comunitaria.

Los fondos que reciben del MFC los invierten en mejorar los medios de vida y viviendas comunitarias de los 800 habitantes de la comunidad, en donde 174 viviendas han tenido mejoras, como fruto de su labor.

Rafael enfatizó en la importancia de trabajar en comunidad y no de manera individual: “cuando se habla de comunidad es todo en general”.  También es necesario el apoyo de las autoridades tradicionales, Congreso General Embera Wounaan y Congresos locales y organizaciones indígenas del País, de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas de Panamá (COONAPIP).

Manejo Forestal Comunitario en Ecuador: bosques con olor y sabor a cacao, chocolate y vainilla

Kallari, que significa comienzo o principio en quechua, fue también el inicio de la intervención de Carlos Poso, presidente de la Asociación Kallari, empresa comunitaria constituida legalmente en 2013 con el propósito de rescatar el cacao fino y de aroma amazónico en Ecuador y que actualmente integra la Red de Asociaciones de la Chakra Amazónica de Napo.

Kallari es una de las organizaciones más fuertes a lo largo de la provincia de Napo de la Amazonia ecuatoriana, que gestiona un área de 1.000 ha que involucra a 21 comunidades y 5 parroquias. Lidera actividades que promueven la bioeconomía, resaltando la importante y directa relación entre la chacra y el bosque, y promueven cadenas productivas donde se mejoren procesos comunitarios y sostenibles de la producción y extracción la vainilla, el cacao fino de aroma y la guayusa.

Todos ellos son producidos de manera limpia, libres de pesticidas y químicos, gracias a la riqueza de los suelos, que se debe en parte por el buen manejo que han realizado ancestralmente las comunidades. “Los suelos se enriquecen durante las inundaciones gracias a la chacra” afirma Carlos.

La chacra es un espacio biodiverso, donde se encuentran especies forestales, no maderables, medicinales y alimenticias, que sirven para desarrollar y mejorar la economía de las familias y amortiguar la expansión de la frontera agrícola”, agrega Carlos.

La zona donde se realiza MFC, destaca Carlos, es una de las zonas más diversas del mundo. 70% del territorio se gestiona y también cuenta con reservas y parques nacionales, lo que implica que tienen una gran reserva de flora y fauna que no pueden permitir que se agote, para lo que deben hacer un manejo sostenible, con el que les permita vivir dignamente.

“Tradicionalmente hemos vivido cerca de la ribera de los ríos, estos son fuente de agua y alimento, así como la chacra, por lo que desde siempre ha existido una relación directa entre la producción y el bosque” cuenta Carlos.

Narra también que Kallari actualmente cuenta con 326 socios, 60% de ellos son mujeres, 5% son jóvenes menores de 30 años, el 95% son indígenas y 5% mestizos. El objetivo de Kallari es producir, procesar y comercializar productos agroforestales de la chacra de manera sostenible, mejorando las condiciones de vida de los asociados y conservando la biodiversidad natural y cultural.

Kallari brinda asistencia técnica a los productores forestales de productos como el cacao, la vainilla y la guayusa, para tener un producto final de excelente calidad, y transformado para incursionar en el mercado.

Este desarrollo ha permitido que actualmente cuenten con líneas de exportación como las bebidas energizantes para deportistas élite, provenientes de la guayusa, planta que ha sido usada tradicionalmente por la comunidad, quienes la toman al iniciar el día para realizar sus labores en el campo.

Otra alternativa productiva que desarrollan es el turismo de investigación. Este se ha dirigido principalmente a estudiantes, con quienes comparten sus conocimientos tradicionales, y a partir del cual han documentado sus prácticas frente al cuidado de los bosques.

Carlos resalta, además, que algunos de los estudios realizados han establecido que la chacra secuestra hasta el 70% del carbono, y el bosque entre 122-160 t C/ha, lo cual la ubica como un ecosistema con gran potencial para la mitigación cambio climático.

Uno de los mayores retos es mantener el balance entre calidad y precio, y gracias a ello, han logrado acceder a varios sellos de calidad. Con los incentivos que reciben e ingresos generados de su actividad, hacen reinversión de los recursos en sus medios de vida.

Finalmente, Carlos resaltó que todo esto también ha sido posible por la flexibilización de la normativa. No obstante, destacó que esto debe ser permanente a fin de la sostenibilidad del proceso, y la obtención de patentes.

También mencionó que un gran reto, especialmente en la coyuntura por la COVID-19, es lograr la comercialización virtual a través de aplicativos web móviles y gestionar reconocimientos como productos libres de deforestación/emisiones de CO2, así como visibilizar que estos emprendimientos pueden ser reconocidos como medidas de implementación de REDD+ en el Ministerio de Ambiente y Agua (MAAE).

Bosques, río y conservación: el Manejo Forestal Comunitario en la cuenca del río Yurumanguí, Colombia

Graciano Caicedo, líder comunitario del Consejo Comunitario del Río Yurumanguí, compartió la iniciativa de MFC que se realiza en su territorio ancestral, y lo que este proceso ha significado para su comunidad, un territorio que tiene carácter colectivo y que es dirigido por un gobierno comunitario.

El Consejo Comunitario cuenta con la titulación colectiva sobre 54.776 ha, donde se han distribuido 13 veredas, dividas en tres partes: alta, media y baja. La comunidad negra de la cuenca del río Yurumanguí ha ocupado ancestralmente el territorio desde mediados del siglo XVI, a partir de la introducción de los esclavos negros traídos de África para desarrollar la actividad minera en la parte alta de la cuenca.

La cuenca constituye un espacio físico, donde la naturaleza se manifiesta en su complejidad estética y productiva, ofreciendo generosamente diferentes tipos de ecosistemas y dinámicas ecológicas. “Más de 400 años de conservación han sido posibles gracias a la relación armoniosa de la comunidad con la naturaleza, en un proceso de evolución conjunta a través del tiempo” afirma Graciano.

Comenta que para la corta de madera se basan en técnicas ancestrales como la temporalidad de sus fiestas patronales (entresaca de la madera “jecha”), las fases de la luna y las mareas, para asegurar la calidad de los productos y el adecuado transporte de los mismos.

Se organizan comunitariamente a través de la figura de mano cambiada, la minga y el convite, prácticas tradicionales que han hecho que el recurso se mantenga vivo, desde su propia cosmovisión. En tal sentido, las danzas, el canto y música tradicional ayudan a mantener esos procesos a lo largo de las diferentes generaciones.

De igual manera, Graciano resaltó que la comunidad se basa en principios orientados al fortalecimiento del proceso organizativo y el proyecto de vida de las comunidades negras de los territorios ancestrales: i) identidad, ii) territorio, iii) participación y autonomía, iv) desarrollo propio, bienestar colectivo, y v) alianzas y solidaridad. Resumidos estos en la consigna “Por la conservación de nuestros recursos naturales y el ambiente, territorio de vida, alegría, y libertad”.

Todo lo que se haga en el territorio bajo el Plan de Desarrollo Económico, Social, y Cultural debe considerar el fortalecimiento en la construcción de Territorio-Región del Pacífico colombiano, así como: la declaración de NO al conflicto armado en estos territorios; la permanencia en condiciones dignas; el fortalecimiento y/o recuperación de las prácticas culturales ancestrales sostenibles, el uso sostenible, la conservación de la naturaleza, el bienestar de las comunidades locales y la perspectiva de construcción para la equidad de género y generación.

Sobre los bosques del territorio, Graciano resaltó que tienen bosques muy bien conservados van desde manglar, montaña, guandal y vegas. Actualmente cuentan con una autorización de aprovechamiento otorgada por la Autoridad Ambiental, mediante el cual pueden aprovechar 16 especies forestales: cuángare, caimito, algarrobo, chanul, carrá, cuángare chucha, bagatá, anime, caracolí, Sandé.

Para el Consejo Comunitario el modelo de MFC ha ayudado a la conservación de los bosques, la diversidad que estos ecosistemas albergan y el mantenimiento de estos para futuras generaciones. En este proceso han contado con el apoyo de Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible desde su dirección de Bosques, la FAO, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC) y otras instituciones, pero aún no cuentan con ayudas de gobierno para acceder a incentivos financieros.

Graciano concluyó enfatizando que “actualmente estamos haciendo un pilotaje para que el bosque suene, que nuestras maderas sean empleadas para realizar instrumentos musicales, y para eso ya le pedimos permiso al bosque…queremos que esto sea sostenible, y aunque los proyectos ayudan, queremos apoyo de largo plazo, para ampliar así el manejo que se realiza a todas las quebradas que constituyen la cuenca. Debemos simplificar lo técnico, pero tecnificando a la comunidad”.

Experiencia de manejo forestal comunitario comunidad nativa Yamino, Perú

Marcelo Odicio, Jefe de la comunidad nativa Yamino cuenta que esta iniciativa se encuentra localizada en el distrito y provincia de Padre Abad, en la región de Ucayali, zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cordillera Azul.

Allí, el pueblo indígena Kakataibo tiene un territorio de cerca de 30,537 hectáreas. Una población de 300 habitantes (60 familias), fundada en diciembre de 1996, que basa su plan de vida en “prioridades para vivir bien”. Sus principales actividades económicas son la agricultura (plátano), aprovechamiento de madera, turismo, artesanías y conservación de bosques.

En su territorio cuentan con bosque húmedo de terrazas y colinas altas y bajas. Tienen asignada una unidad de manejo de forestal de 10.036 ha, en la cual iniciaron labores de aprovechamiento con fines comerciales desde 2014.

Madera para autoconsumo y uso comercial, así como semillas, cortezas, fibras, lianas y bejucos, para artesanías, son su principal fuente de aprovechamiento. Actualmente tienen alianzas y convenios con Centro de Conservación, Investigación y Manejo de Áreas Naturales (CIMA), Cordillera Azul y Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP); Programa Bosques del Ministerio del Ambiente, Toyota Perú, y Negocios Forestales H&F SAC.

Marcelo resaltó cómo el proceso no ha sido fácil, e incluso fueron castigados por incumplimiento por los entes de control antes de 2014, lo cual los hizo reflexionar sobre la necesidad de organizarse mejor para enmarcar sus actividades en la legalidad, y en cumplimiento con toda la normativa.

La escala de aprovechamiento es alta y con periodos continuos, con un volumen aproximado anual de 1.200.000 pies tablares. En relación con las actividades silviculturales, destacó que “por cada parcela de corta se implementa de 1 a 2 parcelas de 100 m x 100 m, categorizando individuos desde brinzales, latizales, fustales y árboles maduros con el fin de conocer futuras potencialidades”.

Además, cuentan con árboles semilleros que representa el 20% del total de individuos censados (son mantenidos para la dispersión de semillas), labores que realizan técnicos de la propia comunidad.

En el marco de manejo que realizan trabajando con la Empresa maderera Negocios Forestales H&F SAC están las operaciones de aprovechamiento de madera. La comunidad es miembro de la junta directiva, comité de vigilancia y monitoreo de bosques. Cuentan con incentivos por la conservación del bosque y transferencia monetaria del Programa Nacional de Conservación de Bosques para reforzar la vigilancia y monitoreo, la gestión comunal y negocios sostenibles.

“En el proceso de MFC destacamos como positivos que a la fecha tenemos 10.000 hectáreas bajo aprovechamiento sostenible (1.000 hectáreas por parcela de corta anual), el monitoreo que realizan a los árboles semilleros y la dinámica del bosque” dice Marcelo.

“La participación activa de la comunidad en el censo forestal incluye a trocheros, brujuleros, materos, cocineros y otros; y durante el aprovechamiento, donde participan 3 comuneros como técnicos de trazabilidad, han hecho que la comunidad aumente su apropiación del territorio” agrega.

Gracias a su experiencia y buenos resultados, en 2018 la comunidad fue sede de una pasantía nacional en Buenas Prácticas de MFC. Los ingresos que perciben por el MFC son invertidos en la misma comunidad en mejoras de las viviendas y servicios como el tanque elevado, puesto de salud, colegio y oficina comunal.

También han avanzado en el fortalecimiento del comité de vigilancia para mejorar su capacidad de respuesta ante posibles amenazas de deforestación, caza y pesca ilegal en el territorio. Esperan seguir más fuertes cada día para compartir con otros sus aprendizajes.

Bosques para la vida: conclusiones del intercambio de experiencias en MFC de América Latina

Esta diversidad de experiencias deja claro que, aunque el modelo es en esencia el mismo, hay diferencias en la manera como cada una decidió organizarse para adaptarse a los marcos regulatorios, y generando ingresos a partir de emprendimientos que mejoran su calidad de vida y permitan la conservación de los recursos forestales, concluye José Díaz.

Por su parte David Kaimowitz, Asesor en aportaciones de los pueblos indígenas y afrodescendientes al desarrollo forestal de FAO, resaltó “en este espacio hemos tenido la oportunidad de escuchar a los verdaderos expertos en esta temática, las comunidades, quienes están haciendo el trabajo en el día a día”.

Kaimowitz destacó que las comunidades indígenas y afrodescendientes de América Latina son los verdaderos guardianes de los bosques, pues son ellos quienes están haciendo un manejo sostenible de los bosques, combinando un buen nivel técnico con sus conocimientos tradicionales y locales: “no es un planteamiento de no tocar, de dejar el primario sin ningún uso, sino de paisajes manejados”.

“Cada una de las experiencias tiene un área de conservación, pero también de manejo para madera, actividades forestales, turismo, generación de artesanías, etc., que aportan a la conservación de la biodiversidad, mitigación y adaptación al cambio climático y resiliencia”, añadió.

Para estos procesos usan muchas herramientas como mapas, inventarios forestales, y zonificaciones, pero también hacen uso de todo sus propios conocimientos tradicionales y ancestrales. Tampoco es una actividad solo para hombres, participan también activamente las mujeres y los jóvenes. En todas las experiencias hay una fuerte importancia de la cultura y la identidad, como base de la organización y la confianza.

Los cuatro casos expuestos tienen como base la seguridad en la tenencia de la tierra, pero esto no quiere decir que la misma está totalmente garantizada, dado que en varios casos se mencionó que esa seguridad está amenazada por actores externos.

Asimismo, es importante resaltar que, aunque el apoyo que las comunidades han tenido de gobierno, ONG, cooperación internacional y privados es necesario, son las comunidades las que le dan sostenibilidad al proceso, quienes ponen su tiempo, su trabajo comunal y otros aportes que han hecho que el manejo forestal sea exitoso.

Kaimowitz resaltó, que es transversal a todos los casos que se expusieron, la necesidad de flexibilizar las normas para alcanzar que estos procesos sean sostenibles y viables. Estos no son proyectos de corto plazo, todos llevan más de diez años con buenos y malos momentos, pero son proyectos que pueden ser sostenibles en el tiempo, procesos de empresas que van teniendo vida propia… “son territorios de vida, alegría y libertad”.

Finalmente, durante el evento Rocío Cóndor quien coordina el proyecto FAO-GEF “Fomento de la capacidad global para aumentar la transparencia en el sector forestal (CBIT-Forest)”, anunció el lanzamiento del curso en español “Bosques y transparencia en virtud del Acuerdo de París”, diseñado con el fin de fortalecer las capacidades y el intercambio de conocimientos para mejorar la transparencia de los datos que se generan en cada país en este sentido.

 

Vea aquí el seminario de Intercambio de Experiencias de Manejo Forestal Comunitario en Latino América: avances y retos.

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