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2019-2028 un decenio de oportunidades para el sector rural

  • Posted by: CinuCOL2018

De acuerdo con el informe presentado hoy por la OCDE y la FAO “Perspectivas agrícolas 2019-2028” la región de América Latina y el Caribe (ALC) verá un crecimiento de 22% en sus cultivos y un crecimiento de 16% en sus productos pecuarios en la próxima década, siete y dos puntos porcentuales mayor que el promedio global, respectivamente.

Productos básicos como el maíz, el arroz y la carne de res, tendrán un mayor crecimiento en la demanda internacional con respecto al consumo local. En relación con la producción de cereales, esta tendrá una disminución en la próxima década, con tasas de crecimiento anual de alrededor de la mitad de las observadas en las últimos veinte años para los principales países productores de cereales.

El informe pronostica un aumento de la demanda interna de proteínas de origen animal. Se espera que el consumo per cápita de carne de vacuno, ternera y carne de cerdo crezca alrededor del 10% en la próxima década (12% pescado, 15% aves). Así, para 2028, el consumo de aves de corral, de 34,2 kg per cápita por año, representará el 42,1% del consumo total de carne. Esto es 14.8 puntos porcentuales más alto que a mediados de los 90.

La FAO y la OCDE pronostican un mayor consumo de frutas, verduras, carnes, productos lácteos y pescado en comparación con alimentos básicos como el maíz, el arroz y los frijoles. Se espera que el consumo per cápita de maíz disminuya un 4.3% en la próxima década.

 

La producción agrícola en América Latina y el Caribe

La región ha experimentado un crecimiento sustancial de la producción agrícola en las últimas dos décadas, siendo Brasil uno de los líderes, con una tasa de crecimiento promedio de 4.1% entre 1991 y el año 2015, mientras en los países del Cono Sur y Andino creció en un 2.8%, en Centroamérica el 2,5% y países del Caribe registraron tan solo el 1.0% promedio anual tasa de crecimiento.

Este crecimiento de la productividad, de acuerdo con análisis expuestos en el informe, ha sido impulsada por actividades de investigación y desarrollo, acompañadas de inversiones en el sector rural y del apoyo específico a los agricultores.

Son varios los ejemplos de esta exitosa inversión; casos como el de EMBRAPA en Brasil, la mayor institución de investigación agrícola de la región, que introdujo tecnologías sobre fijación de nitrógeno y labranza prácticas, así como semillas adaptadas a las condiciones climáticas locales para producir algodón, soya y maíz (OCDE/FAO, 2015). O el caso de Chile INIA, que ha realizado investigaciones para impulsar las exportaciones agrícolas mediante la introducción de nuevas variedades de tuerca.

De otro lado, factores como la educación rural, el extensionismo y el fortalecimiento de organizaciones campesinas, han generado un notable progreso del sector agrícola en la región. A la fecha, se cuenta con un registro de cerca de 33 mil cooperativas agrícolas, a través de las cuales los campesinos se agremian, facilitando así su participación en los mercados locales e incluso ampliando su cobertura a nivel de exportaciones.

Para el caso de Colombia, el informe resalta el papel de la Federación Nacional de Cafeteros y sus campañas de marketing en varios países, para el comercio del café, con un trabajo previo de investigación y transferencia de tecnología a los agricultores que hacen parte de esta.

 

Cambios en la estructura de la producción agrícola

En los últimos veinte años se han observado dos fenómenos con respecto a la estructura de las tierras agrícolas en América Latina: i) la concentración de la tierra se ha registrado en países como Paraguay, Argentina, Uruguay, Chile y Venezuela, y ii) la fragmentación, ocurrida en países como Brasil, Perú, México, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador. Las economías de escala, la herencia, la urbanización y el desarrollo de los mercados de tierras están detrás de estos fenómenos. El tamaño de las fincas ha aumentado en promedio más del 20% en Argentina y Uruguay y casi un 40% en Paraguay, mientras que en Nicaragua y El Salvador ha disminuido en 30% aproximadamente.

Adicional a la concentración de la tierra, un fenómeno relativamente reciente parece ser el aumento de la inversión extranjera en tierras agrícolas. Los inversionistas extranjeros no solo han venido de fuera de la región sino también de dentro de la esta. Así, tanto el alquiler de la tierra como la propiedad extranjera de esta, hacen que las operaciones agrícolas alcancen un tamaño de miles de hectáreas, cambiando la estructura y dinámica de los terrenos agrícolas y apuntando a mayores tasas de concentración de la tierra.

En caso de Colombia, aunque no se menciona en el informe, según cifras de la Unidad de Restitución de Tierras, desde 2011 se ha logrado la restitución de 342.626 hectáreas que han beneficiado a 91.018 titulares de predios, en su mayoría campesinos, lo que supone un potencial incremento en el desarrollo rural.

 

Factores determinantes en la oferta y demanda agrícola

De acuerdo con las perspectivas agrícolas, en este decenio 2019-2028, la demanda de productos agrícolas y alimenticios latinoamericanos estará determinada principalmente por el crecimiento de la población y los ingresos en la región y en sus principales mercados. Con 656,6 millones de habitantes, ALC representa el 8,5% de la población total del mundo, de los cuales se resalta a América del Sur siendo la subregión más poblada con un 65.6% de la población total de ALC, Centroamérica y México representan el 27,6% y el Caribe el 6,7% restante.

Se espera que el crecimiento promedio anual de la población en la región pase del 1.3%, registrado en las últimas dos décadas, al 0.8% durante la próxima década. De esta manera, en directa relación, la expectativa es que el PIB real per cápita en la región de ALC crezca en un promedio de 1.9% por año en la próxima década. Lo que seguramente provocará cambios en la demanda de productos agrícolas y alimenticios de ALC.

Estos cambios estarán orientados a un mayor consumo de proteínas de origen animal, frutas, verduras y lácteos, en relación con alimentos básicos como el maíz, trigo, arroz y frijoles. En el sector de productos lácteos, se estima que en ALC crecerá un 1,2% en el caso de la mantequilla, un 1,4% para los productos lácteos frescos, un 1,8% para la leche entera en polvo y un 2,0% para el queso. En cuanto al consumo per cápita de carne de res, carne de ternera y carne de cerdo en ALC aumentará en 10% en la próxima década, el pescado en alrededor del 12% y las aves de corral en casi el 15%.

 

La promesa de Colombia como despensa de alimentos a nivel mundial

De cara al informe presentado por la OCDE y FAO se puede generar una lectura esperanzadora, en la que los alimentos superan las cifras de exportación tradicionalmente encabezada por los minero-energéticos. Con la producción de alimentos que tienen altas posibilidades de negociación internacional, tales como el café, el banano, el aceite de palma y otra serie de frutas, dentro de los que se encuentra el aguacate.

El país ha venido avanzando en aspectos de alta relevancia para el sector rural, su producción y sostenibilidad, como la apertura a nuevos mercados, pero sobre todo a la fijación de la frontera agrícola, el aprovisionamiento de medidas preventivas y adaptativas frente al cambio climático y una mayor apertura a la comercialización de alimentos, tanto a nivel local como internacional.

Uno de las principales oportunidades que tiene Colombia para fortalecer la producción rural es contar con una frontera agrícola de 40 millones de hectáreas, de las cuales actualmente solo se utiliza el 19%, por lo que más de 32 millones aún están disponibles para convertirse en senderos de producción agrícola que dinamicen el campo.

También cuenta con la “Estrategia 360 Grados”, promovida por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, la cual contempla la protección de los productores ante cuatro tipos de riesgos: 1) riesgos de mercado (alteraciones en el precio), 2) riesgos financieros (falta de recursos – iliquidez), 3) riesgos biológicos (plagas, enfermedades), y 4) riesgos climáticos (inundaciones, sequías y variaciones climáticas extremas).

Este panorama cobra mayor hálito de esperanza al contemplar las diferentes políticas, planes y estrategias que se han promovido, como la estrategia del MinAgricultura “Coseche y venda a la fija”, con la que se busca beneficiar a 300 mil productores agropecuarios, vinculándolos con los mercados y brindando soluciones de crédito con la tasa más baja del mercado.

Y el Plan de Ordenamiento de la Producción, que busca orientar a los productores rurales para saber qué sembrar, cómo sembrar, dónde sembrar y cuándo sembrar. Este ha priorizado para el 2019 un total de diez cadenas: arroz, leche, panela, maíz, papa, aguacate hass, cebolla de bulbo, forestales, algodón y acuicultura y pesca.

Estas medidas no desconocen la biodiversidad colombiana, que brinda una variedad de pisos térmicos desde los 0 hasta los 4.000 metros sobre el nivel del mar, factor que amplía la posibilidad de producción, no solo en pluralidad sino también en cantidad, con posibilidad de cubrir la demanda interna y facilitando los procesos de exportación de alimentos.

 

Decenio de la agricultura familiar, un decenio para fortalecer el campo

De la mano con las expectativas de incremento, llega el decenio de la agricultura familiar, un momento clave en la historia del campo. Desde hace varios años, las Naciones Unidas, lideradas por la FAO y FIDA, han establecido acciones y prioridades para reconocer, proteger y fortalecer la agricultura familiar. En particular, en el 2014, al designar un Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) la ONU ha

conseguido que esta vuelva a ocupar un lugar central en las políticas agrícolas, medioambientales y sociales en las agendas nacionales, avanzando hacia un desarrollo más equitativo y equilibrado.

A la luz de los logros de la AIAF, y a raíz de la resultante Campaña AIAF +10, puesta en marcha el 20 de diciembre de 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el periodo 2019-2028 como el Decenio de las Naciones Unidas para la AF y el pasado mes de mayo lanzó el Plan de Acción Mundial para el Decenio, que busca “movilizar medidas concretas y coordinadas para superar los desafíos a los que se enfrentan los agricultores familiares, fortalecer su capacidad de inversión y, de ese modo, lograr los efectos beneficiosos potenciales de su contribución para transformar nuestras sociedades y poner en marcha soluciones sostenibles a largo plazo”.

Construido de manera participativa por delegados de Gobiernos, agricultores familiares, organizaciones de la sociedad civil, consumidores y trabajadores rurales, el Plan identifica que es necesario crear un entorno político propicio para fortalecer la agricultura familiar; promover la sostenibilidad generacional y la equidad de género; fortalecer las organizaciones de los agricultores familiares; mejorar la inclusión socioeconómica, la resiliencia y el bienestar de los agricultores familiares y las comunidades rurales; promover la sostenibilidad de la AF para conseguir sistemas alimentarios resilientes; y Fortalecer la multidimensionalidad de la AF para lograr innovaciones sociales que contribuyan al desarrollo territorial y a sistemas alimentarios que salvaguarden la biodiversidad, el medio ambiente y la cultura.

En Colombia, el Gobierno ha dado pasos importantes los últimos años en el reconocimiento de la importancia que tiene la AF para el desarrollo sostenible del país. Durante el 2017, con acompañamiento de FAO Colombia, se instaló una Mesa Técnica de Agricultura Familiar y Economía Campesina, que a través del diálogo multiactorial tanto a nivel nacional como territorial, generó los insumos que llevaron a promulgar la Resolución 464 de 2017 por parte del Min Agricultura. Dicha Resolución plantea los lineamientos estratégicos de política pública para la Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria.

Algunos de estos elementos han sido igualmente incluidos en el actual Plan Nacional de Desarrollo (PND), en donde la estrategia “Campo con Progreso” plantea la necesidad de desarrollar instrumentos de comercialización, financiación y formalización que integren y fortalezcan la participación de la ACFC en los circuitos económicos.

Al respecto, en este momento cursa en el congreso la propuesta de Ley 139 de 2018, con la que se propone establecer mecanismos que favorecen la participación de la ACFC en los mercados de compras públicas para los diferentes programas de alimentación que tiene el país actualmente.

El Plan Mundial del decenio de la AF y su materialización en planes nacionales y redes temáticas, se configura como una oportunidad para que el Gobierno nacional avance simultáneamente en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como elemento transversal al PND y en la implementación de la Reforma Rural Integral.

 

Contacto de prensa:

Jorge Mahecha Rodríguez
Correo electrónico: jorge.mahecha@fao.org
Oficina de Comunicaciones – FAO Colombia

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