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Derechos sexuales y reproductivos sin fronteras

  • Posted by: CinuCOL2018

Soy Yengrimar y, como muchas otras mujeres venezolanas, tuve que dejar atrás mi tierra y mi familia para desafiar el destino y luchar por una vida mejor. Abracé la ilusión de un mejor futuro para mis dos hijos, que quedarían a cargo de su abuela mientras yo migraba rumbo a Colombia.

Tomé la decisión de salir de mi país cuando la situación económica y política empezó a afectarnos como familia. Nunca me imaginé dejar atrás a mis hijos, mi casa y mis amigos, y con cada uno de ellos un pedazo de mi corazón.

Con el fin de costear mi viaje, vendí hasta la nevera – igual casi siempre permanecía vacía-, y con ese dinero inicié la travesía. Llevaba conmigo solo dos mudas de ropa, unos zapatos desgastados y mi única herramienta para sobrevivir: mi cajita de trabajo para arreglar cejas, poner pestañas y hacer estética facial.

Mi destino en Colombia fue la ciudad de Cartagena. Empezar desde cero en un nuevo país no es fácil. Además, he sentido muchas veces que la gente que te rodea en este nuevo entorno te juzga a la ligera, y esa situación me cerraba muchas puertas día tras día.

Con asombro me encontré con personas que me abordaban haciéndome propuestas indecentes a cambio de unos pocos pesos. Pocos, pero muy necesarios para mí. Sin embargo, aunque llegué a pasar hambre, siempre tuve claro que esa no era una opción para mi vida.

Tengo 27 años, soy una mujer joven y además de luchar por conseguir recursos para mejorar la calidad de vida de mis hijos y la mía, también quiero buscar una pareja -y por qué no-, un día, tal vez, enamorarme de nuevo y compartir mi vida.

No quiero tener más hijos, pero quiero tener una vida sexual plena. Temía un embarazo no planeado porque me resultaba difícil acceder a un método anticonceptivo.

Desde que llegué, descubrí que existen líderes comunitarios venezolanos que nos comparten mucha información útil a través de sus redes sociales y, entre esos contenidos, encontré mensajes sobre el acceso a servicios de salud.

 

Fue así como me enteré que en Cartagena existía un proyecto que nos facilitaba el acceso a los servicios de Salud Sexual y Reproductiva. La líder, que compartía el mensaje, se identificaba a sí misma como replicadora de una estrategia de comunicación en salud para migrantes de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), y explicaba que esta organización -con el apoyo del Gobierno de Canadá y en convenio con Profamilia (una organización privada sin ánimo de lucro que promueve el respeto y el ejercicio de los derechos sexuales y derechos reproductivos).

Al final del mensaje encontré teléfonos, e-mails y direcciones para pedir más información y acceder a los servicios. Y me fue muy fácil ubicarlos. En la consejería en anticoncepción me enteré que podía participar en acciones educativas en sexualidad, y acceder a métodos anticonceptivos de larga duración, de manera gratuita, sin importar mi nacionalidad ni mi estatus migratorio. Yo escogí un implante subdérmico.

Hoy tengo la satisfacción de tener una sexualidad plena, libre y segura. No me preocupo por un embarazo no deseado y esa seguridad me permite emprender mi proyecto de vida para sacar adelante a mis hijos. Es mi derecho y no estoy sola en este propósito.

Hoy, estoy convencida de que ¡los derechos sexuales y reproductivos no tienen fontera!

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