Foto Alcaldia Mayor de Bogotá

Sumapaz le abrió sus puertas a Simonu Bogotá, la simulación de la Organización de las Naciones Unidas más grande del mundo, en donde estudiantes de colegios oficiales rurales de cuatro localidades discutieron sobre problemáticas globales, celebraron la vida campesina y plantearon desafíos para hacer de la educación en la ruralidad un espacio de paz en el posconflicto. Así vivieron la experiencia.

En Usaquén, Lina Fernanda Pulido alistó su maleta y guardó el discurso de apertura que preparó semanas atrás en su rol como delegada de Colombia para la comisión FAO de la primera simulación rural de la Organización de las Naciones Unidas en el mundo.

Salió de su casa hacia las 5:00 de la mañana y, media hora después, llegó al Colegio Nuevo Horizonte – sede Torca. Apenas se asomaba el sol en Bogotá y esta estudiante de 10º grado y sus compañeros ya estaban listos para el recorrido que les esperaba: seis horas hasta el extremo suroriental de Bogotá.

En Sumapaz, María Alexandra Huertas se subió a la ruta escolar a las 7:00 de la mañana. La niebla abrió paso lentamente al vehículo para llegar a su colegio, el anfitrión de este encuentro: el Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela – sede La Unión. Fue la primera oportunidad para que esta joven, también de 10º grado, desempeñara el cargo de secretaria general en Simonu Bogotá 2018.

Ellas fueron dos de los 132 estudiantes que, de manera voluntaria y después de cuatro meses de selección y preparación, atendieron la invitación de la Secretaría de Educación del Distrito en coordinación con el Centro de Información de las Naciones Unidas para Colombia, Ecuador y Venezuela (CINU Bogotá) para sentir, debatir y proponer en esta experiencia pedagógica.

Como Lina y María, otras niñas y niños de nueve establecimientos educativos oficiales de carácter rural de las localidades de Ciudad Bolívar (Pasquilla, Quiba Alta, José Celestino Mutis y Mochuelo Alto), Usme (El Uval y El Destino), Usaquén (Nuevo Horizonte) y Sumapaz (Juan de la Cruz Varela – 3 sedes – y Jaime Garzón) se convirtieron en pioneros mundiales de esta experiencia en un contexto netamente rural. “Tenía muchos nervios de venir, pero fue gratificante saber que iba a adquirir conocimientos y que podía expresar lo que pienso de mi localidad y de la educación de Bogotá”, asegura Lina Fernanda Pulido.

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La simulación de Naciones Unidas más grande del mundo llegó a la localidad 20 del Distrito en el marco de la estrategia Equipo por la Educación para el Reencuentro, la Reconciliación y la Paz del Plan Sectorial 2016 – 2020 ‘Hacia una Ciudad Educadora’.

Durante tres días, los esfuerzos se enfocaron en que la ruralidad de Bogotá intercambiara saberes, formulara propuestas y construyera consensos frente a asuntos como seguridad alimentaria, protección de los recursos hídricos, economía campesina, educación y posconflicto.

Y qué mejor forma de cumplir estos propósitos que en el campo. Así lo explica Aura Gualdrón, líder del equipo de Simonu Bogotá de la Secretaría de Educación del Distrito.

“El páramo más grande del mundo fue el escenario para encontrarnos, para trabajar por la ruralidad y celebrarla. Como solo dos colegios rurales participantes tenían experiencia en Simonu, quisimos que los demás se apropiaran de esta herramienta y se concentraran en construir consensos, aprender a escuchar y debatir acerca de temas que les interesan”, enfatiza.

Aunque Lina y María nunca se habían visto, viven en localidades alejadas y tienen sueños diferentes, la ruralidad las unió. María quiere ser médica. En unos años, luego de prepararse, espera retornar a Sumapaz para servirle a su comunidad. Su mensaje: “las mujeres sí podemos. El campo está cambiando y nosotras estamos ejerciendo cargos que antes solo alcanzaban los hombres”.

Lina, por su parte, cuenta que en Usaquén no hay un páramo, pero ella y sus compañeros también aprenden y toman conciencia con la riqueza ambiental que rodea a su colegio. Simonu Bogotá, subraya, es una puerta para continuar aprovechando y cuidando dichos recursos. Además, cree que es una herramienta para que las niñas se empoderen y alcen la voz por sus territorios.

“Debemos reconocer todo lo que las mujeres hemos pasado para acceder a nuestros derechos básicos. Estos espacios son perfectos para hacerlo porque demostramos que tenemos todo lo necesario para debatir y aportar más conocimientos al mundo”, puntualiza la estudiante.

“En Simonu, somos uno cambiando el mundo”

Desde el primer momento, los participantes acogieron reglas básicas para que la jornada se desarrollara de la mejor manera posible: escuchar cuando otra persona hablara, pedir la palabra y tener la mejor actitud a la hora de realizar intervenciones, fue primordial para las 74 niñas y los 58 niños asistentes.

Tras la llegada, en el primer día algunas horas del encuentro fueron destinadas para resolver dudas relacionadas con las comisiones que estaban próximas a empezar. Un equipo de jóvenes en cargos de liderazgo que llevan entre 3 y 6 años participando en la simulación urbana,  y 14 docentes del Distrito, orientaron a delegados, presidentes y secretarios en su labor.

El colegio Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela también fue escenario de sorpresas para los estudiantes participantes. Entrada la noche, antes de irse a descansar en ‘sleepings’ y agrupados por colegios, los jóvenes vieron el documental ‘Ciro y yo’ de Miguel Salazar. Esta historia que retrata el conflicto armado en Colombia a través de una de las más de ocho millones de víctimas, impactó en la simulación rural de Simonu Bogotá.

Lo que no se imaginaban las niñas y niños, es que Ciro Galindo, protagonista del documental, iba a estar sentado junto a ellos. Luego de realizar un cine-foro y agradecer su presencia, las lágrimas y los aplausos entre el público fueron inevitables.

El mensaje de Ciro Galindo fue contundente para cerrar ese primer día en Simonu: “fui maltratado por todos los grupos alzados en armas y ahora digo que es mejor la paz a toda costa para evitar más sufrimiento. El país tiene sus esperanzas puestas en la juventud. Hay que buscar soluciones que nos lleven a construir una paz donde podamos vivir todos y donde no vayan más niños del campo a la guerra”.

El frío y la lluvia habituales del páramo no fueron impedimentos para que el segundo día de la simulación rural se cumpliera. A las 6:00 de la mañana, los jóvenes organizaron sus elementos personales y se dirigieron a los salones para asumir sus roles. Las cinco comisiones desarrolladas fueron tres del sistema ONU que funcionaron por países (FAO, Pnuma y Cepal), una comisión Colombia con representación de los departamentos y una comisión Bogotá en la que los jóvenes hablaron en primera persona acerca de su experiencia en la educación y sus expectativas para la escuela rural.

Mientras que en la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la discusión se centró en preguntas como ¿por qué los niños no se están alimentando bien?, la comisión Colombia discutió sobre cómo potenciar la agricultura en beneficio de la economía local y la del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) habló de cómo proteger el páramo.

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John Stiven Murcia, estudiante de 9° grado del Colegio Rural Quiba Alta de Ciudad Bolívar, participó como presidente en Pnuma. Allí cumplió la expectativa inicial de encontrarse con un grupo de delegados y compañeros que hicieron propuestas para proteger los recursos hídricos tan amenazados por las actividades humanas.

“Esta es la segunda vez que participo. El año anterior, en la simulación urbana, fui delegado de México. Este año quería volver porque Simonu Bogotá me ha ayudado a cambiar la forma en la que veo a la sociedad. Tengo una campaña en el colegio para enseñarles a cuidar los páramos a los más pequeños y quise compartir esa experiencia con personas que también son líderes. Pero aquí somos más que eso, somos amistad, somos uno cambiando el mundo”, afirma el estudiante que sueña con ser fotógrafo.

La primera simulación rural se extendió hasta que la noche arropó a Sumapaz. Se resolvieron preguntas, los debates se tornaron dinámicos y algunas de las conclusiones fueron: la educación en la ruralidad también debe ser impartida para la diversidad; se debería estudiar una cátedra de educación rural en la Bogotá urbana; el campo necesita profesionales que lleven conocimiento a sus territorios y en el escenario del posconflicto es necesario el fortalecimiento pedagógico en la ruralidad. Quizás la más impactante, y una en la que coincidieron todos las niñas y niños y que reúne las anteriores premisas: sin campo no hay ciudad.

Para Rafael Cortés, rector del Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela, fue un honor ser anfitrión de esta versión de Simonu Bogotá. “Es un esfuerzo sin precedentes que los chicos reconocen”, comenta. Después de vivir durante siete años en Sumapaz y estar seguro de que hace parte del campesinado, Cortés destaca las bondades de esta estrategia.

“Esta también fue una oportunidad para revalidar el concepto de ruralidad. En el campo hay gente muy introvertida y con Simonu los estudiantes de esta localidad han combatido el miedo de hablar frente al público y han mejorado sus habilidades de lectura y escritura. Muchos de ellos, después de la actividad, nos han dado las gracias y creo que ese es el objetivo de estos espacios, transformar al individuo sin que pierda la esencia”.

Santiago López Sosa, estudiante de 9° grado del colegio anfitrión y quien a sus 14 años fue secretario general, confirma lo dicho por Cortés. Ha participado durante tres años en las simulaciones y pide que el encuentro en la ruralidad perdure. “La Bogotá urbana tiene todo por conocer en Sumapaz: las lagunas, los paisajes y los animales que se ven aquí son para apreciar y preservar. Recomiendo la experiencia en Simonu porque nos forma y ayuda;, antes me daba pena hablar y ahora quiero seguir expresándome frente a un público”, comenta.

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Simonu Bogotá, un acto revolucionario para el sistema educativo

Durante seis años consecutivos, entre 2013 y 2018, Simonu Bogotá ha vinculado a 311 establecimientos educativos oficiales y privados de la ciudad y aproximadamente a 16.500 personas; lo cual corresponde a una generación de estudiantes y docentes que construyen paz desde la escuela para el mejoramiento de la convivencia y el aprendizaje en contextos urbanos y rurales.

Así lo cree Sofía Rodríguez, estudiante de comunicación social y egresada del colegio Nydia Quintero de Turbay (IED) de la localidad de Engativá. “Ingresé a Simonu hace cinco años, cuando estaba en 7°, y realmente ha marcado mi vida. Más que ser una simulación, crea ideas frescas, brinda respaldo a los jóvenes y suma esfuerzos para alcanzar la paz que tanto necesita nuestro país. Luego de salir del colegio, entendí que las niñas y niños que inician el proceso aprenden de mí, pero yo también continúo aprendiendo de ellos”.

Este desafío pedagógico no se detiene. Los días 26 y 27 de septiembre, en el marco de la Semana del Estudiante 2018, se desarrollará la simulación urbana en el Colegio Ciudadela Educativa de Bosa. Establecimientos educativos oficiales y privados se encontrarán en un ejercicio de participación que les permitirá construir propuestas que llevarán al acto de clausura, que tendrá lugar en el Palacio de los Deportes el próximo 3 de octubre.

Esta actividad de cierre será un diálogo entre entidades, organizaciones y jóvenes, quienes presentarán las conclusiones de las simulaciones rural y urbana para que sus propuestas sean escuchadas y aplicadas en la ciudad, en sus localidades y en sus instituciones.

“Las simulaciones de las Naciones Unidas son una gran apuesta por nuestra ciudad. Una generación completa de jóvenes ya se ha preparado para ponerse en los zapatos del otro, para encontrar espacios que les permita ser auténticos y brindar acciones concretas para generar incidencia en la política pública. Simonu Bogotá es un acto revolucionario para nuestro sistema educativo”, concluye Aura Gualdrón.

Porque una ciudad educadora, inclusiva y rural es una Bogotá Mejor Para Todos.


 

Publicación Original: EDUCACIÓNBOGOTA.EDU.CO


 

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