SIMONU Bogotá no es solo una simulación de Naciones Unidas, a la vista de muchos de sus participantes, es un crisol de las dinámicas que Bogotá presenta, un espacio de esparcimiento en donde se habla un solo lenguaje, el lenguaje de la igualdad en donde la participación y el empoderamiento de los jóvenes se hace evidente. Algo así como el caso de María Alejandra Triviño, quien le correspondió representar la delegación de Ecuador frente a la comisión del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en donde se debaten temas contundentes y cruciales.

IMG_9174No obstante, ella tenía una postura clara cada vez que se le otorgaba la palabra de una manera terca pero decidida, hablaba sobre “la niñez y el cambio climático ” pero ella no solo manejaba un discurso, sino que era capaz de empoderar a cualquiera con sus argumentos; mencionaba cómo la primera infancia en África era afectada de forma directa por olas de calor que se expanden cada vez más por este territorio.

 

Por su parte, algo que llama la atención es cómo alguien puede encontrar una relación justificada entre dos temas que para el ojo público están muy lejanos entre sí, pero entre cada pronunciamiento frente al eje central que enérgicamente proponía como debate inicial, dibujaba una sonrisa que en marcaba su rostro. Esa actitud de cuestionamiento resolutivo es una réplica en cada una de las comisiones de SIMONU en donde los jóvenes se apropian de un discurso que les permite entender los problemas que están a su alrededor, sin duda SIMONU hace de Bogotá una ciudad educadora.

 

Elaborado por:

Holger David Santamaria Perea – Estudiante de prensa y opinión de la Universidad del Rosario

 

 

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